domingo, 24 de mayo de 2015

¿Perdido en Twitter?

¿Has decidido abrir una cuenta en Twitter pero no sabes muy bien cómo sacarle el mejor partido?
 
Como  comentaba en mi post de marzo sobre cómo crear tu marca personal, Twitter es una de las redes sociales que más contactos promueven. En él se comparte información que refleja de algún modo la forma de ser de sus usuarios y expone públicamente sus aficiones, intereses y capacidades.
 
A la hora de crear nuestro branding con fines profesionales no debemos desestimar esta herramienta, pero eso sí, debemos conocer sus trucos para aprovechar todo su potencial y que nos ayude en nuestro propósito, que es darnos a conocer.

Para empezar debemos trabajar en nuestra biografía del perfil. Debe estar alineada con lo que vamos a escribir. Lo mejor es un mensaje corto que resuma quiénes somos, en qué temas somos expertos o qué intereses tenemos. Además, es recomendable vincular la biografía al perfil de Linkedin para facilitar que alguien interesado en nosotros pueda conocer más sobre nuestra experiencia profesional.

Paralelamente debemos centrarnos en definir 3 ó 4 temas por los que queramos ser reconocidos. Una opción es definir temas “paraguas” bajo los que podamos hablar de diversos temas relacionados. A modo de ejemplo, podemos escoger RSC (Responsabilidad Social Corporativa) para poder hablar de temas como diversidad, discapacidad, género, etc. o bien TIC para hablar de Big Data, Cloud, Internet of Things, etc.

Y una vez que nos lancemos a compartir información, debemos acostumbrarnos a incluir # en nuestros mensajes. Se trata de una forma de poner etiquetas a nuestros comentarios y permitir que cualquier usuario que busque en twitter ese hashtag encuentre tu mensaje junto con toda la cadena de mensajes que ha generado y a su vez pueda hacer su propio comentario personal incluyendo ese hashtag. Veréis que existen multitud de etiquetas como #diversidad , #salud, #networking, #personalbranding por poner algún ejemplo pero también podemos crear el hashtag que se nos ocurra y que más nos guste. ¡Quién sabe si se convertirá algún día en un “Trending Topic”!

Imprescindible, si queremos darnos a conocer y ganar visibilidad, debemos enviar de 1 a 4 tweets diarios, ¡Incluidos los fines de semana!

Aquí la estrategia también entra en juego y para ello nada mejor que conseguir buenos aliados o contactos de confianza que nos ayuden a dar visibilidad a nuestros “tweets”. Lo más efectivo es comunicar directamente a nuestros “aliados” qué temas queremos que nos RT (retuiteen) o que nos mencionen. Para asegurarnos, lo mejor es enviarles un mensaje privado.

Y para finalizar, un par de consejillos más.
  • No abusemos de los # y @
  • Lo más efectivo es aplicar las reglas de oro de la comunicación: “ un titular + 3 mensajes claves”.

Ánimo y a Twittear!!!!

sábado, 16 de mayo de 2015

Vencer la timidez

Si eres una persona tímida, seguro que a estas alturas te habrás dado cuenta que no estás solo ya que a gran parte de la población le sucede lo mismo que a ti. La diferencia es que algunos tienen la valentía de salir de su caparazón y buscar formas de relacionarse y mejorar sus habilidades sociales, mientras que otros se quedan agazapados esperando a que los demás tomen la iniciativa.

Reconócelo, es cómodo vivir en tu mundo, sin necesidad de tener que exponer tus opiniones ante los demás, sin arriesgarte a fallar o a hacer el ridículo. Pero reconócelo también, esto no te hace feliz. Por eso, si lo que quieres es mejorar tus habilidades sociales y sentirte integrado en la sociedad, tienes que quererlo realmente, ponerte manos a la obra y no claudicar.
 
Muchos de nuestros complejos o miedos tienen que ver con nuestras experiencias pasadas. Nuestro inconsciente nos frena ante situaciones en las que prevemos que podemos volver a sentirnos bloqueados o ridiculizados y esto hace que adoptemos la actitud del caracol escondiéndonos ante situaciones incómodas. Sin embargo, debemos tratar de liberarnos de esos pensamientos negativos y ser más objetivos ya que si en alguna ocasión nos hemos sentido mal al hablar con alguien, eso no tiene por qué ocurrir de nuevo ¿verdad?
 
Así que seamos valientes, evitemos los pensamientos negativos y empecemos a mejorar nuestras relaciones interpersonales con estas pautas que indico a continuación:
 
Acostúmbrate a oír tu voz Cuando yo era adolescente me daba mucha vergüenza hablar porque estaba convencida de que mi voz era ridícula. Basaba esto en una mala experiencia que tuve en la que alguien me hizo burla imitándome con voz de pito. Sentí tal vergüenza que aquello me bloqueó durante mucho tiempo. Pues fíjate, ahora no sólo he superado ese complejo sino que hasta canto como soprano en un coro y acepto mi voz tal y como es, dulce y a veces un poco infantil, pero para nada horrorosa. Además, me encanta cuando cojo el teléfono y me preguntan si están mis papás.
 
Probablemente uno de los bloqueos más frecuentes a la hora de hablar con los demás es el temor a no modular bien tu voz, a tartamudear, a quedarte en blanco. Pues bien, para acostumbrarte a oír tu voz, lee en voz alta siempre que puedas, de esa forma ejercitarás tus cuerdas vocales y te acostumbrarás a hablar más. Además, es importante que te grabes y luego te escuches para familiarizarte con tu voz y para encontrar esos fallos de acentuación o modulación que podrías mejorar.
 
Ensaya discursos en los que cuentes, a un público imaginario, cualquier tema que se te ocurra, ya sea de actualidad, de trabajo, o de cualquier cosa que hayas leído o escuchado en los medios de comunicación y dale tu toque personal. Recuerdo que cuando yo era estudiante, siempre tenía un gran espejo en mi habitación y ensayaba todo tipo de conversaciones ante él. De esta forma, no sólo podía practicar el lenguaje, sino que podía ver mis gestos, mi postura y eso me ayudaba a conocerme mejor y a “rectificar” mis errores o reforzar mis puntos fuertes como por ejemplo la sonrisa.
 
Ponte al día con temas que puedan servir para avivar una conversación y aportar datos nuevos o tu propio criterio. Pueden ser temas relacionados con viajes, deportes, películas, música, etc.
 
Piensa en positivo, ten sentido del humor, y descarta las presunciones que te hacen anticipar que vas a hacer el ridículo o que los demás te van a rechazar. No trates de ser tan perfeccionista, si te equivocas ¿qué puede pasar? sé el primero en reírte de tus propios errores.
 
Relaciónate. No digas no a un evento social pues es la única forma de poner en práctica tus avances. Comienza por situaciones más fáciles como pueden ser reuniones con amigos íntimos o con la familia y trata de ser parte activa en la conversación. Luego, poco a poco, es recomendable que te vayas lanzando a hablar con otros grupos de personas con los que puedes ir rompiendo el hielo practicando tus nociones sobre los temas de actualidad que has estado ensayando. Y si estás en un grupo de gente o en una reunión social, trata de colocarte cerca de las personas con las que te sientas más cómodo y no te quedes relegado en un rincón.
 
Escucha lo que dicen los demás y no te agobies pensando mientras tanto en lo que vas decir tú cuando te llegue el turno. Esto es un error muy común. Deja que la conversación fluya con naturalidad y cuando te llegue la hora de hablar, mira a los ojos de tu interlocutor, y lo que digas, hazlo en un tono de voz, alto, claro y pausado, que se te oiga bien. Si tu voz tiembla, no le des importancia y continúa hasta que termines de decir lo que querías. Para eso ya habrás estado ensayando en tu casa. Los tímidos a veces hablamos tan bajito que los demás pasan por alto nuestros comentarios y eso nos ofusca más porque pensamos que lo que decimos no le importa a nadie.
 
Además, te animo a que te apuntes a alguna asociación o a alguna actividad que te guste, así conseguirás ampliar tu círculo de amistades y tendrás oportunidad de practicar y desarrollar mejor tus habilidades sociales con personas con las que tienes aficiones en común.
 
Y por último recuerda:
 
No sientas miedo al rechazo, no te rechaces tú. No tengas miedo a que no te valoren, valórate tú.
 
¡Animo y mucha suerte!

sábado, 9 de mayo de 2015

La timidez

La timidez, esa sensación de angustia que te invade cuando no tienes nada que decir, cuando no sabes cómo reaccionar y el rubor se asoma a tus mejillas.

Esa disposición a vivir aislado en un mundo que has hecho tuyo y desde donde ves la vida pasar tratando de buscar formas de salir de la esfera que te envuelve, buscando la forma de retirar la máscara protectora, de gritar y decir ¡Hola!, ¡Estoy aquí!, ¡Escúchame!.

Y te hundes en la rutina de un aislamiento adquirido, y por prudencia no hablas y por respeto no dices, pero ese hábito se vuelve contra ti, te hace infeliz y huyes de la gente de quien no confías, de quien te provoca bloqueo y tartamudez.


Y crees que te rehúyen y rehuyes, y crees que te critican y te repliegas, y crees que no te aceptan y te reprimes, y sientes un vacío intenso y eterno.


Por prudencia no preguntas y es un error. Por respeto callas y es una equivocación. Y antes de sentirte “acoplado” prefieres seguir en tu mundo solitario y construyes tu vida alrededor de ese gran universo interior.



Tus gestos delatan una tristeza que se percibe como rareza y te vuelves cada vez más huraño hasta que alguien se dirige hacia ti, te arranca una sonrisa, una conversación, y se ilumina tu cara y la esperanza se apodera de ti.


¡Cuántas personas hemos sufrido los embustes de la timidez! ¡Cuántas oportunidades habremos perdido por no decir a tiempo lo que podríamos haber dicho! ¡Cuántas consultas de psicólogos y cuántos libros vendidos!


Pero el cascarón se puede romper, se puede salir de la rutina, se puede llegar a ser feliz y se puede superar ese miedo, esa fobia, con valentía y paciencia.

¿Quieres conocer algunos consejillos para salir de la timidez? La semana que viene los tendrás aquí, en "La Ventana de Anam".


¡Disfruta de cada instante!

viernes, 1 de mayo de 2015

En el día de la madre

Esta semana se celebra el día de la madre, y yo, que soy un poco reacia a celebrar "el día de...", no al menos de la forma material o marketiniana en la que se ha extendido esta costumbre, sí me gustaría dedicar este post a todas las madres, y padres, que no lo tienen fácil.


A todas esas madres y padres que viven preocupados por el futuro de sus hijos mientras acumulan facturas que no pueden pagar.


A todos aquellos que sufren al ver cómo sus hijos son diferentes del resto, son catalogados como casos raros o especiales y saben que esa diferencia les va a marcar toda la vida.

A esas madres y padres cuyos hijos sufren enfermedades o deficiencias y no obtienen ayuda para cuidar y mejorar su calidad de vida .

A los que ven cómo sus hijos se hunden en problemas y se convierten en su mejor guía, en su único apoyo, y con ternura les escuchan y les ofrecen cariño, comprensión y fuerza para seguir adelante.



A todos aquellos que sufren porque, en su fondo interior, quisieran ver a sus hijos creciendo felices y sin problemas pues para eso desearon traerlos al mundo, para ofrecerles una vida, quizá, mejor que la que ellos tuvieron.


A todos ellos, les felicito por la labor diaria que realizan, por su dedicación, por su lucha y valentía para sacar fuerzas, a veces, de donde parece que ya no queda nada.


A todos, les envío un soplo de esperanza, un nuevo impulso para seguir adelante y un gran abrazo porque ellos también necesitan amor y cuidados. 

Y desde aquí quisiera hacer una llamada a la solidaridad, para que nos impliquemos en los casos que demandan nuestro apoyo, para que no demos la espalda a quienes más nos necesitan, para que alcemos la voz y reclamemos al gobierno atención y soluciones reales para los "casos especiales", para que  las familias que lo necesitan reciban suficiente ayuda y puedan vivir de forma digna y llena de esperanza.


La vida te pone en el camino muchas sorpresas, y no siempre son las que tus sueños han deseado. Nunca sabes si te va a tocar o cuando, pero lo cierto  es que de las peores experiencias se aprenden las lecciones más importantes, y cuando los baches se superan empiezas a interpretar la vida desde un un punto de vista más lógico y esencial, aprendes a reconocer los valores que de verdad importan y a celebrar cada pequeño avance que se consigue.

 
¿Todavía no sabes qué regalar?

¡Qué mejor que solidarizarte con alguna asociación que necesite voluntarios o donativos para ayudar a familias que lo necesiten!. Será un detalle que estoy segura que a tu madre le encantará porque nadie mejor que ella sabrá valorar ese regalo.

 
A continuación te indico algunas páginas web de asociaciones que conozco y con las que alguna vez he colaborado, que ofrecen información y en las que te dicen cómo puedes colaborar:

 


Y por supuesto hay muchas más...

¡Feliz día de la madre!

sábado, 25 de abril de 2015

Infancia y creatividad

Esta semana hemos celebrado el día mundial de la Madre Tierra, el día del Libro y el día de la Creatividad e Innovación. Esto último me ha hecho regresar a mi infancia y recordar cuánto me gustaba disfrazarme cuando era una niña. Desde muy pequeña me encantaba revolver en el armario de mi abuela y, de puntillas, buscaba alguna prenda que me pudiera poner. Habían unas cortinas de gasa que eran mi debilidad. Las doblaba por la mitad sobre un gran lazo que servía para fruncir la tela y ajustármela a la cintura. Las cortinas quedaban como una falda abullonada, con mucho vuelo, larga hasta los pies, y yo daba vueltas y vueltas y me miraba al espejo sintiéndome una princesa.
 


¡Cómo disfrutaba en la casa de mis abuelos! Allí podía hacer lo que no podía en mi propio hogar, lleno de estrictas normas y prohibiciones. Allí podía desplegar la imaginación y hacer todo lo que se me ocurría, desde ponerme la ropa de mi abuela, sus pequeñas joyas, su peluca, sus zapatos… hasta hacer potingues en la cocina con harina, azúcar, y a veces ¡hasta con huevos!. 
 
 
Mis abuelos me dejaban hacer todo eso y se miraban sonriendo cada vez que yo aparecía con una nueva ocurrencia.

Como la mayoría de los niños gozaba de una creatividad desbordante y una simple silla me servía de cocinita, coche, avión o incluso de casa para las muñecas.  Todo dependía de cómo volteara la silla. ¡La de veces que me subí al respaldo de aquel sillón de sky! Me imaginaba que era un fabuloso corcel y con él viajaba galopando a todos los lugares remotos con los que soñaba. La verdad es que a pesar de ser hija única nunca he llegado a sentir aburrimiento, es más, posiblemente gracias a este hecho desarrollé una gran capacidad para inventar juegos a los que podía jugar y pasar el rato yo sola. Quizás por eso considero que los niños no necesitan tantos juguetes ni estar tan pendientes de ellos a todas horas. Creo que es bueno dejar a los niños tiempo y espacio para que estén a su aire y puedan despertar su imaginación con libertad e independencia de los padres o cuidadores, permitirles que ellos mismos construyan sus propios juegos y que de su cabecita broten ideas originales y frescas, sin contaminarlas con la forma en que los adultos vemos el mundo.
 

Volviendo a mi infancia, recuerdo también que me gustaba jugar con las muñecas, hacerles vestidos y peinados. Yo era como el hada madrina de Cenicienta, pero en vez de una varita mágica, poseía imaginación. Mis muñecas no tenían carrozas ni castillos de plástico, pero mis zapatillas de andar por casa se convertían en elegantísimos descapotables en los que se montaban para ir a ver a sus amigas. Lo mío era inventar historias y si no tenía muñecas utilizaba por ejemplo la sota, el caballo y el rey de las cartas de la baraja para reconstruir aventuras, o si me encontraba pasando un día en la playa o en el campo, me dedicaba a buscar palitos, algas, tapones, cajas de cerillas, etc, y con ellos construía casitas en la arena cuyos habitantes eran, por supuesto, los palos de helados que me encontraba.
 

Y me gustaba dibujar. Me pasaba las horas dibujando princesas o cualquier otra cosa, pero sobre todo me encantaba leer. Descubrí a Enid Blyton con 6 ó 7 años y desde entonces me hice una ávida lectora de cuentos que no me cansaba de leer y releer una y otra vez pues en aquella época no tenía la suerte de poder conseguir libros nuevos fácilmente y había que esperar a Reyes o al cumpleaños para recibir ese regalo tan esperado. De mis primeras lecturas recuerdo con gran cariño los libros de los Cinco que aún conservo, luego vinieros las Mellizas O'Sullivan, Los Secretos... y por supuesto también cuentos de hadas como los de la Condesa de Ségur o clásicos como Tom Sawyer, la cabaña del tío Tom, Heidi, Sissi, Mujercitas... 

¡Cuánto le debo a mis amigos los libros! ¡Qué ratos tan emocionantes me hicieron pasar y qué recuerdos guardo de aquellas tardes de lectura en el balcón de mi casa!
 
La lectura ha sido siempre una gran inspiración en mi vida y de cada libro siempre he conseguido aprender algo nuevo. Y es que leer es imprescindible para nuestro desarrollo porque nos permite vivir experiencias que de otra forma nunca hubiéramos podido imaginar. Los libros nos muestran otras formas de vida, otros lugares y costumbres, nos abren la mente a nuevos pensamientos y se convierten en un gran nutriente para nuestra creatividad.
 
Por eso, a pesar de que muchas veces sentimos que nos faltan horas y que por otro lado la tele y las redes sociales nos roban gran parte de nuestro tiempo de ocio, deberíamos reservar siempre un momento para leer, destinar para la lectura un lugar cómodo y bien iluminado, alejado de ruidos e interrupciones pero al mismo tiempo abierto al resto de la familia para poder compartir con ellos, y sobre todo con nuestros hijos,  una afición que les llevará no sólo a aprender sino a disfrutar de mil y una historias que sin duda añadirán luz y color a sus vidas.

domingo, 19 de abril de 2015

Tips para hablar en público

¿Alguna vez has tenido que hablar en público? ¿Cómo viviste esa experiencia? ¿Te sentiste cómodo o la recuerdas con verdadero horror?

Hablar en público es una de las cosas que más ansiedad nos crea, hace sentirnos inseguros, nos asalta el miedo a quedarnos en blanco, a aburrir al público, y lo único que queremos es salir huyendo...

Pero hablar en público es algo realmente cotidiano y hay que tomarlo como una oportunidad para compartir tus conocimientos y experiencias con personas que han tenido la deferencia de reservar un hueco en su agenda para escucharte e interesarse por lo que tienes que contarles. Por eso hay que prepararse bien, lo primero por respeto al público y luego por la propia satisfacción del trabajo bien hecho.

A lo largo de mi carrera profesional he asistido a muchas presentaciones, he conocido a verdaderos gurús en diferentes temas que sin embargo no han sido capaces de conectar con el público pero también conozco gente que tiene un don natural para la comunicación y es capaz de dar un discurso en cualquier momento y conseguir mantener la atención del público sin apenas haberse preparado nada. Esto, desde luego, no es lo más corriente y por eso, el que quiera ser un buen orador, debe prepararse bien y ensayar, ensayar y ensayar.

Pues bien, si tienes previsto dar un discurso próximamente o quieres desarrollar tus habilidades comunicativas toma nota de los siguientes consejos y empieza a ponerlos en práctica ya:
  1. Conoce de antemano el tipo de público ante el que vas a hablar. No es lo mismo hablar ante un grupo de científicos que para la comisión de amas de casa de tu pueblo. Debes adaptar tu discurso al público al que te diriges utilizando para ello giros, expresiones o anécdotas que les sean cotidianas. De esa forma te ganarás su atención y posiblemente su simpatía.
  2. Prepara el discurso. Ya sabes qué tipo de personas asistirán a tu presentación, ahora tienes que elaborar un discurso que les llegue, que les entusiasme y ensayarlo, entenderlo, creértelo y hacerlo tuyo.
  3. Apóyate en algún soporte visual, aunque no es imprescindible, el uso de imágenes, vídeos o presentaciones pueden servirte para provocar impacto en la audiencia. Trata de ser creativo, de asombrar pero sin recargar las transparencias con minúsculas letras, indica sólo los puntos claves y se cuidadoso con la combinación de colores y formatos. Se trata de impactar sin desviar la atención. Si la sala no es muy grande también puedes utilizar pizarras o flip charts donde puedes ir anotando palabras claves, dibujos o esquemas. Esto, si lo haces con naturalidad y decisión, puede ayudarte a captar más la atención del público ya que con ello conseguirás dar más dinamismo a tu discurso.
  4. Asegúrate de disponer de las herramientas necesarias. ¿Vas a proyectar una presentación? ¿Vas a utilizar un micrófono? ¿Necesitas un atril? Es importante que aprendas a desenvolverte bien con todos los recursos y en concreto con el uso del micrófono ya que si es la primera vez que lo utilizas te puedes llevar una sorpresa al escuchar tu voz de forma muy diferente a la que estás acostumbrado, por eso, si tienes ocasión, trata de hacer una prueba de sonido antes de comenzar.
  5. Familiarízate con la sala donde vas a hablar. Es importante conocer el espacio con el que cuentas. No es lo mismo hablar en una pequeña aula que en un auditorio. Tampoco es lo mismo hacerlo sentado que de pie. Tus movimientos y tu tono de voz deberán adaptarse al espacio.
  6. Antes de empezar haz estiramientos. Estira los brazos, sacúdelos, hazlo también con las piernas, trata de relajar los hombros y el cuello con estiramientos suaves. Masajea fuertemente tus mejillas, abre bien la boca como si estuvieras bostezando, recorre la lengua por el interior de tu boca. Estos ejercicios te ayudarán a relajar tu cuerpo, tu cavidad bucofaríngea y a reducir la tensión que a buen seguro llevarás acumulada.
  7. Bebe agua. Hidrata los labios, la boca, la garganta, para que tu voz salga limpia y clara. Trata de tener a mano una botella de agua durante tu presentación y aunque no tengas que hablar bebe todos los días al menos litro y medio de agua para conseguir tener la laringe bien hidratada.
  8. Respira bien, respira hondo. La respiración es algo muy importante en nuestras vidas y debemos aprender a respirar bien. Te recomiendo que hagas el siguiente ejercicio. Pon tu mano en el abdomen y toma todo el aire que puedas lentamente. Tienes que notar cómo se hincha primero el abdomen y luego los pulmones, la espalda, etc. Cuando consigas esto mantén el aire dentro el tiempo que puedas y luego expúlsalo de una vez hasta no dejar ni un atisbo de aire dentro, notarás que te deshinchas. Repite esto 3 ó 4 veces y te sentirás más relajado pues habrás conseguido reoxigenar tu organismo.
  9. Controla tus movimientos. A la hora de hacer una presentación en público adopta una postura erguida pero cómoda, con los hombros hacia atrás, las piernas ligeramente separadas y los brazos despegados de tu cuerpo. Utiliza tu imagen corporal para apoyar tus palabras. Usa tus brazos y tus manos para dar énfasis, y hazlo de manera natural. Camina a lo largo del escenario si eso te hace sentir más a gusto, pero hazlo de forma acompasada y relajada. Ten cuidado con los tics. A veces los nervios nos juegan malas pasadas y sin darnos cuenta repetimos una y otra vez algún movimiento que puede llegar a provocar la distracción del público. Ensaya previamente tus movimientos ante un buen espejo y mucho mejor ante una persona de confianza que pueda indicarte tus puntos débiles.
  10. Sonríe. Es la mejor carta de presentación. Inicia la presentación con una sonrisa al público. Así también podrás echar una mirada a las personas que hay en la sala e incluso localizar a personas que conozcas y que pueden servirte de apoyo cuando las mires. Trata de mantener una actitud relajada y amable.
  11. Dirígete al público. Mírales, lanza preguntas buscando conformidad, preguntas del tipo ¿Cuántos de los que estáis en el público habéis...?, ¿Alguien sabe ...?. Con ello les harás partícipes de tu discurso y conseguirás el "engagement" necesario.
  12. Habla claro. Vocaliza bien tus palabras y sigue un ritmo natural, ágil pero lo suficientemente claro para que se entienda bien. Evita que tu discurso se convierta en algo monótono, juega con las pausas y los silencios para crear expectación y eleva la voz cuando quieras matizar algo o captar la atención, pero nunca grites porque además de ser desagradable y demostrar agresividad con ello sólo conseguirás dañar tus cuerdas vocales.
  13. Disfruta. Es tu momento, estás preparado, dominas tu discurso y conseguirás que sea un éxito rotundo.

Ya me contarás qué tal tu experiencia. ¡Hasta la próxima semana!
 

domingo, 12 de abril de 2015

¿Miedo a hablar en público?

¿Quién no ha tenido que hablar en público alguna vez? Ya sea en la Universidad, en el trabajo o en otras situaciones, a menudo se nos presentan ocasiones en las que tenemos que enfrentarnos a la experiencia de pisar un escenario.


Recuerdo la primera vez que hablé ante un gran número de personas, fue en segundo de Periodismo y tuve que exponer un trabajo sobre Jovellanos. Tras investigar en profundidad la vida y obra de este escritor y político asturiano cuyas ideas ilustradas quedaron patentes en numerosas obras de carácter pedagógico, redacté un completísimo trabajo del que me sentía realmente orgullosa.


Sin embargo, cada día que pasaba me encontraba más y más nerviosa porque presentía que el tema en cuestión no iba a despertar, lo que se dice, grandes pasiones, pero me propuse hacerlo lo mejor posible y para ello llegué incluso a aprenderme todo el trabajo de memoria. Mi intención era conseguir exponer el trabajo sin necesidad de consultar los papeles, con la cabeza alta y mirando al público. La verdad es que el tema era demasiado tedioso como para presentarlo en modo lectura pues corría el riesgo de que mis compañeros aprovecharan para echarse una siestecita y eso es precisamente lo que no quería que ocurriese. Aquella era mi oportunidad, quería demostrarme que podía superar mi timidez, mis inseguridades, y he de decir que a pesar de los nervios lo cierto es que este reto me hacía especial ilusión.


Llegó el gran día y a medida que se iba acercando la hora, comencé a sentir unas ganas tremendas de salir huyendo, las manos me sudaban, me temblaban las piernas, notaba la boca seca, sentía verdadero pánico. Deseaba que con un poco de suerte la mayoría de los compañeros hubiesen preferido ir a jugar al mus a la cafetería, pero no, allí estaban todos a pesar de ser la primera hora de la tarde. Subí al estrado y el profesor de literatura me cedió su mesa. Nada más pronunciar la primera frase me bloqueé. El resto de la exposición fue una lectura literal del trabajo en la que en vano intenté levantar la mirada del papel.


No fue del todo mal pues conseguí un notable alto en esta prueba pero también unas ganas tremendas de aprender a hablar en público. Comencé a leer libros de autoayuda, me apunté a clases de teatro y asistí a diversos talleres sobre comunicación. Todo ello me ha ido ayudando a lo largo de los años a conocer técnicas que he podido poner en práctica en las ocasiones en que he tenido la oportunidad de hablar en público, pero he de decir que ha sido sobre todo el teatro y las actuaciones musicales en las que participo desde hace varios años lo que más me ha ayudado a quitarle importancia al hecho de mostrarme ante el público y a liberarme de la tensión que esto me producía. Al fin y al cabo, la vida misma es una representación teatral en la que debemos saber interpretar el papel que nos toque en cada momento.


En mi próximo post compartiré algunas técnicas útiles para preparar una buena presentación al público.