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domingo, 16 de octubre de 2016

De lo que me he enterado!!!!

Me acababan de contar un chisme de lo más sorprendente y morboso. Un chisme que ya había traspasado fronteras y corría de boca en boca como una de las historias más escandalosas de la ciudad. ¿Podría ser aquello verdad?. Conocemos el dicho: "cuando el río suena agua lleva", pero, ¿quería convertirme en cómplice de tal injuria?. Por supuesto que no.

No era la primera vez que llegaban a mis oídos habladurías acerca de engaños, cuernos y otros líos de compañeros de trabajo, incluso de amigos muy íntimos, pero de niña me enseñaron una regla de oro para la convivencia: "no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti", a la que por experiencia suelo añadir: "no creas todo lo que te cuenten". Por lo tanto, no sólo hago oídos sordos a las críticas maliciosas, sino que intento frenar la rueda de enredos poniendo en tela de juicio la veracidad de los hechos. Sólo así puedo sentirme bien con mi propia conciencia.

Tan sólo imagínate cómo te sentirías si de repente te enteras de que eres la comidilla del trabajo, el foco de atención de todo el barrio, y todo porque un día, a un despreciable personajillo se le ocurrió la jugosa idea de decir, por ejemplo, que estabas liada con tu jefe, siendo por supuesto absolutamente falso. ¿Cómo reaccionarías?. ¿Cómo se sentiría tu pareja, tus hijos o tu familia?. ¿Cómo influiría eso en tu forma de vida?.

 Calumniar e injuriar a alguien son asuntos muy graves, son delitos contra el honor que además son querellables. Así que antes de hablar mal de alguien, deberíamos pensarlo tres veces y preguntarnos si la información es cierta, si se va a utilizar para algo bueno y si es verdaderamente útil para la otra persona.

Dejemos a cada uno vivir su vida, respetemos sus decisiones personales y evitemos lanzar y difundir injurias que denigren la integridad de la gente porque de lo contrario, no sólo podríamos hacernos responsables de crear un daño, a veces irreparable, sino que se trata de una de las bajezas más grandes del ser humano que esconde personalidades envidiosas, soberbias, aburridas, insatisfechas y llenas de rencor. 

¿Quiénes somos para juzgar la vida de los demás? 

Vivamos nuestra vida, solucionemos nuestros propios problemas y tratemos de ser felices sin necesidad de desacreditar la conducta del prójimo para ensalzar la nuestra. Porque al fin y al cabo, las personas que disfrutan criticando con maldad, dicen mucho de sí mismas con su actitud, y eso, lo define muy bien la siguiente frase: "Lo que dice Juan de Pepe dice más de Juan que de Pepe". Así que tenlo en cuenta la próxima vez que te vengan con cotilleos y no te fíes del mensajero.


Recuerda: antes de criticar pregúntate si es cierto, si es bueno y si es útil.








sábado, 25 de julio de 2015

Asertividad para el verano

¿Te gustaría mejorar tus relaciones interpersonales y sentirte más seguro de ti mismo? ¿Sabías que nuestras reacciones suelen estar condicionadas por nuestras experiencias pasadas?
 
Efectivamente nuestro sistema de autodefensa guarda en la memoria todos los hechos que a lo largo de nuestra vida nos han producido un profundo malestar como una pelea, un insulto, un desdén o una burla por poner algún ejemplo, y cuando aparecen situaciones que podrían desencadenar conflictos similares se ponen en marcha las alarmas que provocan esos sentimientos de bloqueo o de agresividad que a veces tanto nos perjudican en nuestras relaciones con los demás.
 
Por eso es bueno saber que este tipo de reacciones suelen ser producidas por un instinto irracional al que no deberiamos hacer mucho caso pues lo cierto es que no tienen porqué repetirse siempre los mismos desenlaces. En su lugar, debemos aprender a dominar esos primeros impulsos y reconducir nuestros sentimientos aprendiendo nuevos códigos de respuesta que nos ayuden a liberar nuestros miedos y a controlar las situaciones.


La mejor forma de aprender a dominar nuestros impulsos es haciendo autocontrol.
 
Anota en un cuaderno todos los conflictos que a lo largo del día te hayan provocado algún tipo de bloqueo o irritabilidad. En él debes describir la situación que se ha presentado, qué has sentido ante ese hecho, cómo has reaccionado, qué has sentido al reaccionar así y cómo crees que deberías haberlo hecho mejor, es decir de una manera más asertiva.
 
Aunque pueda darte pereza realizar este ejercicio cada día, pronto te darás cuenta de su utilidad pues te permitirá analizar mejor las situaciones e identificar nuevas respuestas asertivas que poco a poco irás poniendo en práctica. Para este ejercicio no sólo debes identificar las situaciones y el tipo de conversaciones que te molestan sino también con qué personas entras en conflicto más a menudo. Puede que sea sólo tu pareja quien te saque de tus casillas, que tus padres  sean los que te hagan vivir en un continuo estado de ansiedad, o que te de una vergüenza atroz hablar con los compañeros del trabajo. El caso es que sabiendo qué situaciones o con qué personas pierdes más a menudo tus papeles conseguirás combatir tus reacciones adoptando respuestas más asertivas que te ayuden a defender tus derechos sin desvalorar a los demás.

¿Quieres saber cuáles son las respuestas asertivas más comunes que deberías poner en práctica? 

1.- Expresar claramente nuestros propios intereses y derechos cuando nos sintamos desvalorados por alguien, cuando nos interrumpen o nos descalifican. Para ello hemos de usar un tono firme pero no agresivo, e insistir en ello si no te hacen caso: "Perdona, pero es mi turno y me gustaría terminar de decir mi opinión". "Como te he dicho antes, me gustaría poder dar mi opinión".

2.- Empatizar con la otra persona empezando por reconocer sus razones o derechos para luego reinvindicar los nuestros. Se utiliza cuando no queremos herir a la otra persona pero no queremos pasar por alto nuestras necesidades. "Entiendo los motivos que te han hecho llegar tarde, pero comprende que yo tenía luego una entrevista y me has hecho llegar tarde".

3.- Exponer lo que uno siente cuando la otra persona hace determinada acción y el motivo de este sentimiento y pedirle a continuación que por favor trate de hacerlo de otra forma. Con este tipo de mensajes no se agrede a la otra persona ni se le echa la culpa de nada y es bastante efectiva cuando se pretende cambiar una actitud no deseada. "Cuando nos encontramos con Cristina y no la saludas me siento muy incómoda, ya sé que no te cae bien pero es mi amiga y te agradecería si la próxima vez la saludaras cordialmente". Es importante dar las gracias a la otra persona cuando veas que ha modificado esa actitud.

4.- Decir cosas positivas de la otra persona. Halagar es una buena forma de empatizar con los demás y no lo hacemos muy a menudo. "Me encanta el pañuelo que llevas, te sienta fenomenal".

Cuando existe un conflicto con una persona agresiva, o sumisa, lo mejor es llamarle la atención sobre su comportamiento y tratar de llevarle hacia una comunicación más asertiva utilizando los tipos de mensajes anteriores, pero recuerda que si a pesar de tu asertividad no consigues que la otra persona cambie de actitud la responsabilidad es suya y lo mejor sería  aplazar la conversación a otro momento en el que esté más receptivo.
 
Ahora ya sabes cómo puedes llegar a controlar tus reacciones y conoces algunos recursos para comunicarte asertivamente. Es hora de ponerlo en práctica, y qué mejor que durante estas vacaciones cuando la convivencia familiar puede desencadenar encuentros y desencuentros.

¡¡¡Pon en práctica la asertividad este verano y disfruta de unas felices vacaciones!!!!
 
 

lunes, 22 de junio de 2015

En busca de la asertividad I

Asertividad, curiosa palabra. Desde hace años está presente en mis planes de mejora, pero, ¿Sabemos realmente de qué se trata?

Nuestra manera de comunicarnos, de pedir las cosas y de relacionarnos con los demás, dice mucho de nosotros. Por lo general no nos damos cuenta del estilo comunicativo que empleamos y sin embargo, ser conscientes de la forma que utilizamos al hablar con los demás, puede ayudarnos a mejorar nuestras relaciones, y a sentirnos mejor con nosotros mismos.

Y es que cada vez que nos dejamos llevar por las impresiones solemos reaccionar de forma equivocada.

Existen 3 estilos comunicativos básicos: pasivo, agresivo y asertivo, y aunque no es habitual que una persona se identifique totalmente con uno de ellos, nuestro objetivo debe ser acercarnos todo lo posible al estilo asertivo. Pero, ¿Qué es la asertividad?

Podría decirse que es la forma en la que defendemos nuestros intereses sin agredir los intereses de los demás. Es la forma de llegar a un consenso entre las partes sin que una de ellas se sienta “vencida” por la otra. En el caso de una negociación el resultado sería “yo gano, tu ganas”, por lo que todos se sienten felices.

¿Qué ocurre cuando se practica la comunicación agresiva? La persona agresiva grita, ordena, exige y no permite que los demás le lleven la contraria. Su fin es salirse con la suya y para ello no duda en reprochar y culpar a los demás sin preocuparse por escuchar las razones de los otros. Este tipo de personas sufren grandes arrebatos y frustraciones cuando no consiguen lo que quieren y no suelen forjar relaciones personales verdaderas ya que los demás les temen, les rechazan y acaban sintiéndose solos e incomprendidos.

En el lado contrario, la persona pasiva, o sumisa, acata por lo general lo que le dicen los demás, calla, y no expresa claramente sus sentimientos. Tiene miedo a recibir reproches y desea ante todo caer bien a los demás aunque para ello tenga que renunciar a sus propios intereses. Este tipo de personas suelen tener una autoestima muy baja y es probable que hayan recibido una educación autoritaria que no les haya permitido rebatir o contradecir las ideas de los demás para defenderse. Las personas pasivas suelen autobloquearse ante situaciones conflictivas y pueden caer en grandes depresiones al sentirse solas, raras y desplazadas del resto de la gente.

Por supuesto, estas descripciones reflejan personas 100% agresivas y pasivas pero hay casos en los que una misma persona puede manifestar periodos agresivos o sumisos según las circunstancias.

¿Cómo debería ser una comunicación asertiva?

Las personas asertivas se encuentran en medio de este caos. Son personas seguras de si mismas, que saben reclamar sus derechos pero que también escuchan y saben ponerse en el lugar de los demás. No atacan sino que tienen recursos para expresar sus sentimientos y sus necesidades. Por consiguiente son personas más equilibradas, en quienes se puede confiar y con las que se puede vivir en armonía.


Y tú ¿con qué estilo te identificas?


En mi próximo post compartiré algunos consejos para identificar esas situaciones que nos bloquean y que nos provocan actitudes no deseadas. Será el primer paso para llegar a ser una persona asertiva.

lunes, 1 de junio de 2015

No lo supongas, pregunta

¿Alguna vez has metido la pata hasta el fondo por haber entendido mal un mensaje? ¿Alguna vez te has sentido absolutamente inútil por no haber hecho lo que realmente se esperaba de ti?

Una de las normas más importantes de la buena comunicación es asegurarse de que la información se ha entendido bien.

 
 
Generalmente todos vivimos acelerados, nos falta tiempo para hacer infinidad de cosas y a veces pecamos de resumir las cosas en exceso asumiendo que el resto de la gente sigue nuestro ritmo. Pero una de las cosas que he aprendido y que trato de poner en práctica, aunque no siempre es fácil, es no presuponer las cosas, porque seguro que acabo equivocándome.

 
 
En una conversación, tanto el emisor como el receptor son responsables de que el mensaje se reciba correctamente, pero más aún cuando el propósito de esa conversación es llevar a cabo una acción. Así pues, tanto el emisor como el receptor deben utilizar el mismo lenguaje, lo que a veces puede suponer bajar el nivel y evitar ciertas jergas profesionales o tecnicismos, y sobre todo, ambos deben verificar que la información se ha entendido perfectamente.

 
 
Para ello no basta con que el emisor pregunte “¿Lo has entendido?”, porque el receptor puede dar un sí como respuesta estando convencido de que ha captado el mensaje cuando en realidad ha entendido algo bien distinto. Lo recomendable es que al finalizar la conversación uno de ellos recapitule las acciones a tomar con el fin de llegar a un consenso: “En resumen, hay que organizar la grabación del vídeo promocional para el nuevo producto antes del día 30 y en esta semana hay que preparar la lista de invitados para el lanzamiento global del producto”.

 
 
Como veis, esto, que no debería llevar más de un par de minutos, permite asegurar que se tomen las acciones correctas y que a la larga se ahorre mucho tiempo. Sin embargo, muchas veces este paso se omite y, dependiendo de la dificultad de lo que haya que hacer, puede llevar a malentendidos y problemas.

 
 
Hace tiempo una amiga me comentó una anécdota que le ocurrió con su antiguo jefe y que refleja bastante bien este asunto. (Querida amiga, si lees esto, espero que no te molestes por apropiarme de tu historia, en su día me pareció tan divertida que no he podido resistirme a recordarla aquí). El caso es que el jefazo era de otro país, hablaba otro idioma y aunque se defendía en español, le faltaba vocabulario y agilidad verbal lo que a mi amiga le dio bastantes quebraderos de cabeza. En una ocasión, su jefe la llamó a su despacho y le comentó que era el cumpleaños de un familiar y que necesitaba cuanto antes una tarta que tuviera un muñequito encima que se moviera y que fuera gracioso.
 
 
Mi amiga, acostumbrada a organizar para él las cosas más estrambóticas, supuso que quería organizar una fiesta de cumpleaños y enseguida se puso a buscar por internet. Localizó varias pastelerías y obradores donde personalizaban tartas de cumpleaños pero que pudieran incluir un muñequito móvil era más complicado de lo que creía. A los pocos minutos de la búsqueda, le llamó su jefe preguntándole si ya había encontrado la tarta. Ella le dijo que aún no, que lo estaba buscando. Un poco sorprendida por la premura supuso que la fiesta debía ser para ese mismo día así que siguió buscando añadiendo al reto que la tarta estuviera lista en el día. Y mientras investigaba volvió a recibir la llamada de su jefe unas cuantas veces: “¿Pero qué pasa?,  ¿No lo encuentras?, Es que me urge mucho, ¿Por qué tardas tanto?”. Al cabo de un par de horas mi amiga dio con una súper pastelería que personalizaba todo tipo de tartas y además la podían hacer en un tiempo récord, esa misma tarde podrían recoger la tarta con un muñequito simpatiquísimo encima. Mi amiga entró entusiasmada en el despacho de su jefe mostrándole fotografías de los modelos de tartas que podían hacerle y con el precio de cada una pero, lejos de recibir un efusivo agradecimiento, vio cómo su jefe no daba crédito a lo que estaba viendo. “¿Pero qué tiene que ver lo que te he pedido hace ya dos horas con estas tartas de bizcocho y chocolate?”.

 
Mi amiga no se lo podía creer, aquella búsqueda había sido totalmente inútil, ¡qué pérdida de tiempo!. Porque lo que su jefe había querido pedirle no era otra cosa sino un icono gracioso para felicitar un cumpleaños por e-mail. Y además, ¡lo podía haber conseguido en "cero-coma"!.

He de decir que mi amiga es una magnífica profesional, realmente competente y organizada, pero en aquella ocasión le falló la presunción de lo que su jefe realmente quería.

 
Así que, sigue mi consejo, no presupongas nada, cerciórate siempre de lo que debes hacer y nunca te reprimas a preguntar tus dudas.
 
¡Hasta la próxima semana!

domingo, 19 de abril de 2015

Tips para hablar en público

¿Alguna vez has tenido que hablar en público? ¿Cómo viviste esa experiencia? ¿Te sentiste cómodo o la recuerdas con verdadero horror?

Hablar en público es una de las cosas que más ansiedad nos crea, hace sentirnos inseguros, nos asalta el miedo a quedarnos en blanco, a aburrir al público, y lo único que queremos es salir huyendo...

Pero hablar en público es algo realmente cotidiano y hay que tomarlo como una oportunidad para compartir tus conocimientos y experiencias con personas que han tenido la deferencia de reservar un hueco en su agenda para escucharte e interesarse por lo que tienes que contarles. Por eso hay que prepararse bien, lo primero por respeto al público y luego por la propia satisfacción del trabajo bien hecho.

A lo largo de mi carrera profesional he asistido a muchas presentaciones, he conocido a verdaderos gurús en diferentes temas que sin embargo no han sido capaces de conectar con el público pero también conozco gente que tiene un don natural para la comunicación y es capaz de dar un discurso en cualquier momento y conseguir mantener la atención del público sin apenas haberse preparado nada. Esto, desde luego, no es lo más corriente y por eso, el que quiera ser un buen orador, debe prepararse bien y ensayar, ensayar y ensayar.

Pues bien, si tienes previsto dar un discurso próximamente o quieres desarrollar tus habilidades comunicativas toma nota de los siguientes consejos y empieza a ponerlos en práctica ya:
  1. Conoce de antemano el tipo de público ante el que vas a hablar. No es lo mismo hablar ante un grupo de científicos que para la comisión de amas de casa de tu pueblo. Debes adaptar tu discurso al público al que te diriges utilizando para ello giros, expresiones o anécdotas que les sean cotidianas. De esa forma te ganarás su atención y posiblemente su simpatía.
  2. Prepara el discurso. Ya sabes qué tipo de personas asistirán a tu presentación, ahora tienes que elaborar un discurso que les llegue, que les entusiasme y ensayarlo, entenderlo, creértelo y hacerlo tuyo.
  3. Apóyate en algún soporte visual, aunque no es imprescindible, el uso de imágenes, vídeos o presentaciones pueden servirte para provocar impacto en la audiencia. Trata de ser creativo, de asombrar pero sin recargar las transparencias con minúsculas letras, indica sólo los puntos claves y se cuidadoso con la combinación de colores y formatos. Se trata de impactar sin desviar la atención. Si la sala no es muy grande también puedes utilizar pizarras o flip charts donde puedes ir anotando palabras claves, dibujos o esquemas. Esto, si lo haces con naturalidad y decisión, puede ayudarte a captar más la atención del público ya que con ello conseguirás dar más dinamismo a tu discurso.
  4. Asegúrate de disponer de las herramientas necesarias. ¿Vas a proyectar una presentación? ¿Vas a utilizar un micrófono? ¿Necesitas un atril? Es importante que aprendas a desenvolverte bien con todos los recursos y en concreto con el uso del micrófono ya que si es la primera vez que lo utilizas te puedes llevar una sorpresa al escuchar tu voz de forma muy diferente a la que estás acostumbrado, por eso, si tienes ocasión, trata de hacer una prueba de sonido antes de comenzar.
  5. Familiarízate con la sala donde vas a hablar. Es importante conocer el espacio con el que cuentas. No es lo mismo hablar en una pequeña aula que en un auditorio. Tampoco es lo mismo hacerlo sentado que de pie. Tus movimientos y tu tono de voz deberán adaptarse al espacio.
  6. Antes de empezar haz estiramientos. Estira los brazos, sacúdelos, hazlo también con las piernas, trata de relajar los hombros y el cuello con estiramientos suaves. Masajea fuertemente tus mejillas, abre bien la boca como si estuvieras bostezando, recorre la lengua por el interior de tu boca. Estos ejercicios te ayudarán a relajar tu cuerpo, tu cavidad bucofaríngea y a reducir la tensión que a buen seguro llevarás acumulada.
  7. Bebe agua. Hidrata los labios, la boca, la garganta, para que tu voz salga limpia y clara. Trata de tener a mano una botella de agua durante tu presentación y aunque no tengas que hablar bebe todos los días al menos litro y medio de agua para conseguir tener la laringe bien hidratada.
  8. Respira bien, respira hondo. La respiración es algo muy importante en nuestras vidas y debemos aprender a respirar bien. Te recomiendo que hagas el siguiente ejercicio. Pon tu mano en el abdomen y toma todo el aire que puedas lentamente. Tienes que notar cómo se hincha primero el abdomen y luego los pulmones, la espalda, etc. Cuando consigas esto mantén el aire dentro el tiempo que puedas y luego expúlsalo de una vez hasta no dejar ni un atisbo de aire dentro, notarás que te deshinchas. Repite esto 3 ó 4 veces y te sentirás más relajado pues habrás conseguido reoxigenar tu organismo.
  9. Controla tus movimientos. A la hora de hacer una presentación en público adopta una postura erguida pero cómoda, con los hombros hacia atrás, las piernas ligeramente separadas y los brazos despegados de tu cuerpo. Utiliza tu imagen corporal para apoyar tus palabras. Usa tus brazos y tus manos para dar énfasis, y hazlo de manera natural. Camina a lo largo del escenario si eso te hace sentir más a gusto, pero hazlo de forma acompasada y relajada. Ten cuidado con los tics. A veces los nervios nos juegan malas pasadas y sin darnos cuenta repetimos una y otra vez algún movimiento que puede llegar a provocar la distracción del público. Ensaya previamente tus movimientos ante un buen espejo y mucho mejor ante una persona de confianza que pueda indicarte tus puntos débiles.
  10. Sonríe. Es la mejor carta de presentación. Inicia la presentación con una sonrisa al público. Así también podrás echar una mirada a las personas que hay en la sala e incluso localizar a personas que conozcas y que pueden servirte de apoyo cuando las mires. Trata de mantener una actitud relajada y amable.
  11. Dirígete al público. Mírales, lanza preguntas buscando conformidad, preguntas del tipo ¿Cuántos de los que estáis en el público habéis...?, ¿Alguien sabe ...?. Con ello les harás partícipes de tu discurso y conseguirás el "engagement" necesario.
  12. Habla claro. Vocaliza bien tus palabras y sigue un ritmo natural, ágil pero lo suficientemente claro para que se entienda bien. Evita que tu discurso se convierta en algo monótono, juega con las pausas y los silencios para crear expectación y eleva la voz cuando quieras matizar algo o captar la atención, pero nunca grites porque además de ser desagradable y demostrar agresividad con ello sólo conseguirás dañar tus cuerdas vocales.
  13. Disfruta. Es tu momento, estás preparado, dominas tu discurso y conseguirás que sea un éxito rotundo.

Ya me contarás qué tal tu experiencia. ¡Hasta la próxima semana!
 

domingo, 12 de abril de 2015

¿Miedo a hablar en público?

¿Quién no ha tenido que hablar en público alguna vez? Ya sea en la Universidad, en el trabajo o en otras situaciones, a menudo se nos presentan ocasiones en las que tenemos que enfrentarnos a la experiencia de pisar un escenario.


Recuerdo la primera vez que hablé ante un gran número de personas, fue en segundo de Periodismo y tuve que exponer un trabajo sobre Jovellanos. Tras investigar en profundidad la vida y obra de este escritor y político asturiano cuyas ideas ilustradas quedaron patentes en numerosas obras de carácter pedagógico, redacté un completísimo trabajo del que me sentía realmente orgullosa.


Sin embargo, cada día que pasaba me encontraba más y más nerviosa porque presentía que el tema en cuestión no iba a despertar, lo que se dice, grandes pasiones, pero me propuse hacerlo lo mejor posible y para ello llegué incluso a aprenderme todo el trabajo de memoria. Mi intención era conseguir exponer el trabajo sin necesidad de consultar los papeles, con la cabeza alta y mirando al público. La verdad es que el tema era demasiado tedioso como para presentarlo en modo lectura pues corría el riesgo de que mis compañeros aprovecharan para echarse una siestecita y eso es precisamente lo que no quería que ocurriese. Aquella era mi oportunidad, quería demostrarme que podía superar mi timidez, mis inseguridades, y he de decir que a pesar de los nervios lo cierto es que este reto me hacía especial ilusión.


Llegó el gran día y a medida que se iba acercando la hora, comencé a sentir unas ganas tremendas de salir huyendo, las manos me sudaban, me temblaban las piernas, notaba la boca seca, sentía verdadero pánico. Deseaba que con un poco de suerte la mayoría de los compañeros hubiesen preferido ir a jugar al mus a la cafetería, pero no, allí estaban todos a pesar de ser la primera hora de la tarde. Subí al estrado y el profesor de literatura me cedió su mesa. Nada más pronunciar la primera frase me bloqueé. El resto de la exposición fue una lectura literal del trabajo en la que en vano intenté levantar la mirada del papel.


No fue del todo mal pues conseguí un notable alto en esta prueba pero también unas ganas tremendas de aprender a hablar en público. Comencé a leer libros de autoayuda, me apunté a clases de teatro y asistí a diversos talleres sobre comunicación. Todo ello me ha ido ayudando a lo largo de los años a conocer técnicas que he podido poner en práctica en las ocasiones en que he tenido la oportunidad de hablar en público, pero he de decir que ha sido sobre todo el teatro y las actuaciones musicales en las que participo desde hace varios años lo que más me ha ayudado a quitarle importancia al hecho de mostrarme ante el público y a liberarme de la tensión que esto me producía. Al fin y al cabo, la vida misma es una representación teatral en la que debemos saber interpretar el papel que nos toque en cada momento.


En mi próximo post compartiré algunas técnicas útiles para preparar una buena presentación al público.