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domingo, 9 de octubre de 2016

Un diablillo en la carretera

El otro día tuve una experiencia de esas que te marcan el día, y es que cuando uno se pone la gorra de conductor, brota el diablillo que llevamos dentro y que nos hace reaccionar de forma inesperada y sorprendente.
 
Hasta yo, que me tengo por una persona pacífica y conciliadora, cuando me pongo ante el volante, puedo convertirme en toda una "conductora agresiva" y soltar cualquier improperio que, en mi sano juicio, sería incapaz de decir. Por eso, tengo por norma tomarme cada trayecto con calma y disfrutar escuchando música, cantando y sonriendo, eso sí, sin apartar los cinco sentidos de la carretera.

Sin embargo, a pesar de poner la mejor de mis intenciones para que todo marche sobre ruedas, a veces viene alguien y me toca la fibra sensible. ¡Y es que no soporto que me piten!.
 
Por la cuenta que me trae, siempre trato de respetar las normas de conducir, por lo tanto, que me pisen los talones para achucharme o que me toquen el claxon para que acelere -cuando encima ya he sobrepasado los límites de velocidad- me ataca los nervios, y no sólo eso, como además me parece una falta de respeto, de educación y de civismo, suelo reaccionar de manera contraria a la que esperan, es decir, que ante los achuchones, yo lo que hago es pisar el freno e ir más despacio :-).

Pues estaba ese día dando vueltas por las inmediaciones de mi oficina en la difícil tarea de encontrar un sitio donde aparcar, cuando un tipo desde una furgoneta roja empezó a pitarme y a hacer aspavientos para que acelerase la marcha. Aunque pisé un poco el acelerador, tuve que seguir escuchando la molesta bocina y viendo sus gestos zafios a través del retrovisor.

Mi diablillo estaba a punto de hacer su aparición cuando de repente vi a lo lejos cómo alguien se preparaba para sacar su coche de una plaza. Con una alegría inmensa me acerqué y conecté el intermitente para señalizar el aparcamiento. Aún así, el tipo barbudo de la furgoneta no paraba de pitarme para que le dejara pasar. De verdad que ya no lo podía soportar. ¡Con lo feliz que me había levantado aquella mañana! 

Pero no acaba aquí la cosa, justo cuando me disponía a aparcar en el sitio que había quedado libre, de repente aparece un individuo y se planta en medio de la plaza que yo ya consideraba mía. Ni corta ni perezosa, atravesé el coche con ademán de aparcar y me coloqué justo delante de él indicándole con gestos que se apartara.

Como el de barbas seguía pitando y este nuevo personaje no tenía intención de moverse, directamente apagué el motor y me crucé de brazos a esperar que mi contrincante se marchara por su propia voluntad. Y mientras tanto, él me decía que el sitio era suyo y yo le contestaba que dónde estaba su coche, que yo había llegado antes. Y a su vez él me replicaba que necesitaba el sitio porque iba a trabajar todo el día por allí, y yo le hacía entender que yo no me iba precisamente de fiesta a esas horas.

El caso es que en un par de minutos se había formado una inmensa cola detrás del barbas que seguía pitando pidiéndome, esta vez con razón, que le dejara pasar. ¡Me sentí la persona más bucéfala del mundo!.

Y justo cuando empezaba a plantearme si debía darme por vencida, dejar el sitio al tipo ese y dar cincuenta mil vueltas más para encontrar otro lugar, apareció por mi derecha una personita que plantó  cara al grandullón ordenándole con una seguridad aplastante  que me dejara aparcar.

¡No me lo podía creer!. Yo, que había cerrado las ventanas, había puesto el seguro y me sentía mala malísima, una criatura angelical, de dulces rizos vaporosos consiguió mover de allí a aquella mole que no daba crédito a cómo una mujer tan chiquitita le pudiera dar órdenes de aquel modo.

Por supuesto di las gracias a mi heroína y me disculpé por el atasco que había provocado, y ella, muy tranquila, me contestó que no me preocupara porque yo tenía toda la razón. 

Finalmente conseguí aparcar y cuando me desabroché el cinturón, respiré hondo y me sentí francamente incómoda con la situación que había generado. Me quedé sentada un rato para reflexionar sobre lo que había pasado.  Quizá me había sobrepasado con mi actitud pero además, me asaltó la duda de si a consecuencia del problema alguien me podría pinchar las ruedas o hacerme alguna faena similar. Afortunadamente nada de eso ocurrió.
 
La verdad es que nunca sabes la reacción de la gente ante diversas situaciones y por eso siempre suelo evitar cualquier enfrentamiento con personas desconocidas. En esta ocasión sentí la necesidad de hacer valer mis derechos pero  es cierto, que si no hubiera sido por mi angelical heroína, no sé cómo habría acabado esta historia.
 
Y tú, ¿Qué hubieras hecho en mi lugar?

sábado, 25 de julio de 2015

Asertividad para el verano

¿Te gustaría mejorar tus relaciones interpersonales y sentirte más seguro de ti mismo? ¿Sabías que nuestras reacciones suelen estar condicionadas por nuestras experiencias pasadas?
 
Efectivamente nuestro sistema de autodefensa guarda en la memoria todos los hechos que a lo largo de nuestra vida nos han producido un profundo malestar como una pelea, un insulto, un desdén o una burla por poner algún ejemplo, y cuando aparecen situaciones que podrían desencadenar conflictos similares se ponen en marcha las alarmas que provocan esos sentimientos de bloqueo o de agresividad que a veces tanto nos perjudican en nuestras relaciones con los demás.
 
Por eso es bueno saber que este tipo de reacciones suelen ser producidas por un instinto irracional al que no deberiamos hacer mucho caso pues lo cierto es que no tienen porqué repetirse siempre los mismos desenlaces. En su lugar, debemos aprender a dominar esos primeros impulsos y reconducir nuestros sentimientos aprendiendo nuevos códigos de respuesta que nos ayuden a liberar nuestros miedos y a controlar las situaciones.


La mejor forma de aprender a dominar nuestros impulsos es haciendo autocontrol.
 
Anota en un cuaderno todos los conflictos que a lo largo del día te hayan provocado algún tipo de bloqueo o irritabilidad. En él debes describir la situación que se ha presentado, qué has sentido ante ese hecho, cómo has reaccionado, qué has sentido al reaccionar así y cómo crees que deberías haberlo hecho mejor, es decir de una manera más asertiva.
 
Aunque pueda darte pereza realizar este ejercicio cada día, pronto te darás cuenta de su utilidad pues te permitirá analizar mejor las situaciones e identificar nuevas respuestas asertivas que poco a poco irás poniendo en práctica. Para este ejercicio no sólo debes identificar las situaciones y el tipo de conversaciones que te molestan sino también con qué personas entras en conflicto más a menudo. Puede que sea sólo tu pareja quien te saque de tus casillas, que tus padres  sean los que te hagan vivir en un continuo estado de ansiedad, o que te de una vergüenza atroz hablar con los compañeros del trabajo. El caso es que sabiendo qué situaciones o con qué personas pierdes más a menudo tus papeles conseguirás combatir tus reacciones adoptando respuestas más asertivas que te ayuden a defender tus derechos sin desvalorar a los demás.

¿Quieres saber cuáles son las respuestas asertivas más comunes que deberías poner en práctica? 

1.- Expresar claramente nuestros propios intereses y derechos cuando nos sintamos desvalorados por alguien, cuando nos interrumpen o nos descalifican. Para ello hemos de usar un tono firme pero no agresivo, e insistir en ello si no te hacen caso: "Perdona, pero es mi turno y me gustaría terminar de decir mi opinión". "Como te he dicho antes, me gustaría poder dar mi opinión".

2.- Empatizar con la otra persona empezando por reconocer sus razones o derechos para luego reinvindicar los nuestros. Se utiliza cuando no queremos herir a la otra persona pero no queremos pasar por alto nuestras necesidades. "Entiendo los motivos que te han hecho llegar tarde, pero comprende que yo tenía luego una entrevista y me has hecho llegar tarde".

3.- Exponer lo que uno siente cuando la otra persona hace determinada acción y el motivo de este sentimiento y pedirle a continuación que por favor trate de hacerlo de otra forma. Con este tipo de mensajes no se agrede a la otra persona ni se le echa la culpa de nada y es bastante efectiva cuando se pretende cambiar una actitud no deseada. "Cuando nos encontramos con Cristina y no la saludas me siento muy incómoda, ya sé que no te cae bien pero es mi amiga y te agradecería si la próxima vez la saludaras cordialmente". Es importante dar las gracias a la otra persona cuando veas que ha modificado esa actitud.

4.- Decir cosas positivas de la otra persona. Halagar es una buena forma de empatizar con los demás y no lo hacemos muy a menudo. "Me encanta el pañuelo que llevas, te sienta fenomenal".

Cuando existe un conflicto con una persona agresiva, o sumisa, lo mejor es llamarle la atención sobre su comportamiento y tratar de llevarle hacia una comunicación más asertiva utilizando los tipos de mensajes anteriores, pero recuerda que si a pesar de tu asertividad no consigues que la otra persona cambie de actitud la responsabilidad es suya y lo mejor sería  aplazar la conversación a otro momento en el que esté más receptivo.
 
Ahora ya sabes cómo puedes llegar a controlar tus reacciones y conoces algunos recursos para comunicarte asertivamente. Es hora de ponerlo en práctica, y qué mejor que durante estas vacaciones cuando la convivencia familiar puede desencadenar encuentros y desencuentros.

¡¡¡Pon en práctica la asertividad este verano y disfruta de unas felices vacaciones!!!!
 
 

lunes, 22 de junio de 2015

En busca de la asertividad I

Asertividad, curiosa palabra. Desde hace años está presente en mis planes de mejora, pero, ¿Sabemos realmente de qué se trata?

Nuestra manera de comunicarnos, de pedir las cosas y de relacionarnos con los demás, dice mucho de nosotros. Por lo general no nos damos cuenta del estilo comunicativo que empleamos y sin embargo, ser conscientes de la forma que utilizamos al hablar con los demás, puede ayudarnos a mejorar nuestras relaciones, y a sentirnos mejor con nosotros mismos.

Y es que cada vez que nos dejamos llevar por las impresiones solemos reaccionar de forma equivocada.

Existen 3 estilos comunicativos básicos: pasivo, agresivo y asertivo, y aunque no es habitual que una persona se identifique totalmente con uno de ellos, nuestro objetivo debe ser acercarnos todo lo posible al estilo asertivo. Pero, ¿Qué es la asertividad?

Podría decirse que es la forma en la que defendemos nuestros intereses sin agredir los intereses de los demás. Es la forma de llegar a un consenso entre las partes sin que una de ellas se sienta “vencida” por la otra. En el caso de una negociación el resultado sería “yo gano, tu ganas”, por lo que todos se sienten felices.

¿Qué ocurre cuando se practica la comunicación agresiva? La persona agresiva grita, ordena, exige y no permite que los demás le lleven la contraria. Su fin es salirse con la suya y para ello no duda en reprochar y culpar a los demás sin preocuparse por escuchar las razones de los otros. Este tipo de personas sufren grandes arrebatos y frustraciones cuando no consiguen lo que quieren y no suelen forjar relaciones personales verdaderas ya que los demás les temen, les rechazan y acaban sintiéndose solos e incomprendidos.

En el lado contrario, la persona pasiva, o sumisa, acata por lo general lo que le dicen los demás, calla, y no expresa claramente sus sentimientos. Tiene miedo a recibir reproches y desea ante todo caer bien a los demás aunque para ello tenga que renunciar a sus propios intereses. Este tipo de personas suelen tener una autoestima muy baja y es probable que hayan recibido una educación autoritaria que no les haya permitido rebatir o contradecir las ideas de los demás para defenderse. Las personas pasivas suelen autobloquearse ante situaciones conflictivas y pueden caer en grandes depresiones al sentirse solas, raras y desplazadas del resto de la gente.

Por supuesto, estas descripciones reflejan personas 100% agresivas y pasivas pero hay casos en los que una misma persona puede manifestar periodos agresivos o sumisos según las circunstancias.

¿Cómo debería ser una comunicación asertiva?

Las personas asertivas se encuentran en medio de este caos. Son personas seguras de si mismas, que saben reclamar sus derechos pero que también escuchan y saben ponerse en el lugar de los demás. No atacan sino que tienen recursos para expresar sus sentimientos y sus necesidades. Por consiguiente son personas más equilibradas, en quienes se puede confiar y con las que se puede vivir en armonía.


Y tú ¿con qué estilo te identificas?


En mi próximo post compartiré algunos consejos para identificar esas situaciones que nos bloquean y que nos provocan actitudes no deseadas. Será el primer paso para llegar a ser una persona asertiva.