Me encanta ir al cine los sábados por la tarde, disfrutar de una
película entretenida y acompañar el momento con unas palomitas y un refresco. Si puedo escoger, prefiero las comedias románticas o de misterio y siempre que puedo evito los dramas porque sinceramente, estoy "hiper-saturada" de todas las barbaries que aparecen cada día en los telediarios.
Esta semana he tenido el lujo de ver la película “Perdiendo el Norte”, dirigida por Nacho G. Velilla, el mismo que dirigió “Que se mueran los feos”. Digo lujo no sólo por lo que cuesta una sesión completa de cine para toda la familia, sino porque a pesar de no ser una obra magistral y que probablemente nunca se proyecte en la Berlinale, la película, con todos sus topicazos, me hizo reír, reír incluso a carcajadas, casi tanto como cuando vi “Ocho apellidos vascos” y ya sólo por eso yo pago gustosamente la entrada, las palomitas y lo que haga falta.
La risa es un lujo, es bienestar al cuadrado y este tipo de películas deberían recetarlas en los consultorios médicos para elevar el ánimo de la gente que en estos tiempos está bastante flojillo. ¿Te imaginas que los médicos receten entradas para ir al cine o al teatro, leer una novela determinada o apuntarse a clases de cerámica? ¿Te imaginas que tu médico de cabecera recomendase dedicar más tiempo a ayudar a personas desamparadas y con ello a pensar un poquito más en los demás?. Estoy segura de que con estos remedios se reducirían muchos casos de depresión y hasta tendrían más efecto que una aspirina.
Pero es que con el panorama que tenemos a la vista ¿Cómo no vamos a estar alicaídos? Entre las noticias sobre la crisis económica, los desahucios, los casos de corrupción, los maltratos de género, las catástrofes naturales y el acecho terrorista que golpea cada vez más cerca, el telediario se convierte cada día en una verdadera película de terror y de misterio, fuente inagotable para mentes creativas quienes ya deben estar preparando el guión de lo que será el thriller político-económico más enrevesado de los últimos tiempos. Espero que para cuando lo estrenen, todos esos personajes corruptos que afloran cada día ya estén pagando justamente sus fechorías y podamos entonces ir a ver la película satisfechos, asombrarnos con esas redes tan complicadas que montaron para delinquir y hasta reírnos de ellos al saber que de nada les sirvió su egoísmo y avaricia porque la justicia al final les dio su merecido.
Esta semana he tenido el lujo de ver la película “Perdiendo el Norte”, dirigida por Nacho G. Velilla, el mismo que dirigió “Que se mueran los feos”. Digo lujo no sólo por lo que cuesta una sesión completa de cine para toda la familia, sino porque a pesar de no ser una obra magistral y que probablemente nunca se proyecte en la Berlinale, la película, con todos sus topicazos, me hizo reír, reír incluso a carcajadas, casi tanto como cuando vi “Ocho apellidos vascos” y ya sólo por eso yo pago gustosamente la entrada, las palomitas y lo que haga falta.
La risa es un lujo, es bienestar al cuadrado y este tipo de películas deberían recetarlas en los consultorios médicos para elevar el ánimo de la gente que en estos tiempos está bastante flojillo. ¿Te imaginas que los médicos receten entradas para ir al cine o al teatro, leer una novela determinada o apuntarse a clases de cerámica? ¿Te imaginas que tu médico de cabecera recomendase dedicar más tiempo a ayudar a personas desamparadas y con ello a pensar un poquito más en los demás?. Estoy segura de que con estos remedios se reducirían muchos casos de depresión y hasta tendrían más efecto que una aspirina.
Pero es que con el panorama que tenemos a la vista ¿Cómo no vamos a estar alicaídos? Entre las noticias sobre la crisis económica, los desahucios, los casos de corrupción, los maltratos de género, las catástrofes naturales y el acecho terrorista que golpea cada vez más cerca, el telediario se convierte cada día en una verdadera película de terror y de misterio, fuente inagotable para mentes creativas quienes ya deben estar preparando el guión de lo que será el thriller político-económico más enrevesado de los últimos tiempos. Espero que para cuando lo estrenen, todos esos personajes corruptos que afloran cada día ya estén pagando justamente sus fechorías y podamos entonces ir a ver la película satisfechos, asombrarnos con esas redes tan complicadas que montaron para delinquir y hasta reírnos de ellos al saber que de nada les sirvió su egoísmo y avaricia porque la justicia al final les dio su merecido.
Yo también he visto esa película, y desde luego, se la recomiendo a todo público que quiera pasar un momento divertido, y así olvidarse un poco de los problemas de hoy en día. Me ha encantado tu idea de que los médicos receten pasar buenos momentos, así como en el cine, teatro o realizando alguna otra actividad, desde luego que como has dicho, daría más efecto que una aspirina. Saludos.
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